Interactivos?’17 prototipado colaborativo en Medialab Prado

Este año tuve la fortuna de estar en Interactivos?, y no sólo como colaboradora de los proyectos como el año pasado, sino también como evaluadora del Taller más grande del Medialab. Es el más grande por el número de personas y el número de proyectos que coinciden ahí. La idea es que durante 17 días -del 17 de mayo al 2 de junio de 2017- grupos de trabajo colaborativo e interdisciplinar se juntaran a desarrollar un prototipo que mezcle la tecnología con un interés social, y este año también medioambiental.

Zona chill-out del espacio Lab 1

 

Se presentaron 29 proyectos de los cuales se seleccionaron 8 . Ejemplos de prototipos fueron el capirote del proyecto Viajes de Agua que busca generar una reflexión sobre el agua invisible que corre por el subsuelo madrileño, o el juego de video Datástrofe que busca crear una consciencia ambiental ciudadana.

Participaron 61 personas en total , entre promotoras/es de proyectos, colaboradoras/es, la coordinación del Medialab, los mentores tanto artísticos como de ejecución y técnicos, las mediadoras y la asistencia de producción del taller.

Fueron 49 promotoras/es de proyectos (17) y colaboradoras/es (32), y muchas/os vinieron de otros lugares de España (incluyendo Barcelona, Jaén, Granada, Toledo y Zaragoza), del resto de Europa (Bélgica, Berlín y Francia) y de Latinoamérica (este año hubo una presencia especial de mexicanos y colombianos). Había personas de varias disciplinas, incluidas:

Es el primer año que se cuenta con un equipo de mediación y de producción específico para Interactivos, “un equipo de lujo”, según Sonia Díez de la coordinación de proyectos y actividades de Medialab Prado, que está al frente de Interactivos junto con Laura Fernández desde que comenzó a existir en el 2006.

A parte de la aspiración al trabajo colaborativo y a la interdisciplinariedad, otro de los focos interesantes de este Taller es la experimentación. Tanto los prototipos como el trabajo distribuido son un work in progress y nadie tiene la fórmula infalible para que estos tres ingredientes de la innovación se den en una sociedad jerárquica como la nuestra, en la que se valora la especialización, y que tiende a castigar el error. El tener espacios sin barreras físicas y zonas de relax (como sofás, cafeteras, y “pufs”) no es suficiente. La labor de mediación de Carmen Haro y Marianna Papapietro fue invaluable para introducir a los visitantes en esta cultura de la horizontalidad y de la apertura.

Una de las cosas que me quedaron claras en estos días es que la horizontalidad en los procesos de trabajo no está en contradicción con la planificación de tiempos y roles o funciones de trabajo. ¡Al contrario! La libertad o igualdad que imaginamos al oir “trabajo colaborativo” es posible cuando existe una claridad en cuanto a qué tareas es necesario hacer, en qué momento, y quién es responsable de llevarla a cabo.

Esto permite que otras personas que vienen de otras disciplinas (u otros “mundos”) puedan hacer aportaciones valiosas, con un objetivo claro y también permite que la experimentación ocurra. Suena contradictorio, pero la organización permite la experimentación, sobre todo porque experimentar no es lo mismo que improvisar. El caos genera niveles altos de tensión en las personas que trabajan en proyectos experimentales, e impide que se cree el espacio y el tiempo de libertad necesarios para que esa experimentación ocurra.

Aquí un video de esos días, sus personas y proyectos.

Si quieres que escriba contenidos como este para tu web o blog, llámame o escríbeme y lo charlamos.

 

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